¿Cuántas veces, de mayores, hemos dejado nuestra curiosidad a un lado? Y ¿Cuántas otras solo hemos sido capaces de mirar hacía adelante sin mirar, lo mas mínimo nuestro entorno?

Esas son las cuestiones que nos plantean en El arquitecto y el árbol, un cuento que nos narra como Óscar, un arquitecto meticuloso y perfeccionista, que se aleja de su parte más curiosa y de aquello que le envuelve su mundo.  A parte de estar todo el día enfadado, si no es porque su ciudad es totalmente irregular es porque otras personas son completamente desordenadas.

No es hasta que un día el nuevo edificio que estaba construyendo, totalmente en línea recta, el árbol del jardín se encontraba caído. Todos los operarios de la obra comienzan a tener ideas, sabiendo como Óscar respondería ante tal desastre. Para sorpresa de ellos, el arquitecto reacciona de una forma completamente diferente y durante la noche intenta buscar la forma para mantener el majestuoso árbol.



Es a partir de ese momento que Óscar comienza a mirar al mundo que le rodea y, encontrar la mejor solución para ayudar tanto a las personas como a los animales. 

En el cuento encontramos como el protagonista hace ese cambio, de volver a mirar, de alguna forma, a mirar las cosas como un niño y encontrar la solución a través de la persona adulta. También una de las metáforas narradas dentro es precisamente el volver a rencontrarnos con aquello que nos rodea e incluso el no ser siempre tan perfeccionista.